🐘 Evernote, catorce años después: anatomía de una resurrección
De la app que todos dieron por muerta a la que nadie esperaba de vuelta
"Report of my death was an exaggeration."
Mark Twain
Estas semanas me encuentro dictando el curso “Productividad con IA para líderes educativos”, en la PUCP, y algo que no tenía previsto terminó dándome el tema de este artículo.
Mientras mostraba algunas herramientas, llegué al método PARA de Tiago Forte aplicado en Evernote; y varios participantes se emocionaron de un modo que no esperaba. No por la inteligencia artificial, no por la última novedad, sino por algo tan simple como ver su información finalmente ordenada con una lógica clara. Me quedé pensando en esa reacción, porque revelaba algo que la conversación tecnológica suele olvidar: que la herramienta que muchos ya daban por enterrada seguía resolviendo problemas reales para gente real.
Y es que yo llevo usando Evernote desde 2012.
Lo digo sin nostalgia y sin orgullo de coleccionista de tecnología; lo digo porque pocas relaciones con una herramienta digital sobreviven catorce años, y la mía estuvo a punto de romperse más de una vez.
A mediados de 2016 la dejé. No del todo —lo mantuve como archivador de facturas, manuales y notas personales—, pero dejó de ser el centro de mi sistema. En 2020 regresé, y entonces empezó el verdadero problema: por más que probaba otras aplicaciones, ninguna me dejaba satisfecho; volvía siempre a Evernote, pero Evernote me castigaba con un defecto que ningún elogio podía tapar: la sincronización no era buena. Escribías algo en el teléfono y aparecía minutos después en la laptop, o no aparecía. Para una herramienta cuya promesa entera es “tu memoria en todos tus dispositivos”, ese fallo no era un detalle; era una traición a su razón de existir.
Cuento esto porque la historia de Evernote en los últimos años no es la de una App más; es un caso de estudio sobre algo que rara vez discutimos cuando elegimos nuestras herramientas: qué significa que un software sea confiable a lo largo del tiempo, y qué pasa cuando lo das por muerto demasiado pronto.
La caída: cuando “Evernote ha muerto” se volvió consenso
Una década de deriva
Hubo un tiempo en que Evernote era sinónimo de productividad digital. Fue de las primeras aplicaciones en prometer un “segundo cerebro” antes de que la expresión se pusiera de moda; el elefante era un ícono cultural.
Y luego, lentamente, se desinfló.
Entre 2016 y 2022, las opiniones sobre Evernote cambiaron de tono. La App se volvió más lenta; las funciones nuevas escaseaban; los precios subían sin que se notara una contraparte. Los expertos en productividad —los que antes la recomendaban— empezaron a migrar a Notion, a Obsidian, a Apple Notes. “Evernote ha muerto” dejó de ser una provocación para volverse un lugar común que casi nadie se molestaba en discutir.
No era una percepción injusta; era una empresa que parecía haber perdido el rumbo.
El punto más bajo
A finales de 2022 llegó la noticia que muchos leyeron como el epitafio: Evernote sería adquirida por Bending Spoons, una empresa tecnológica italiana que casi nadie conocía fuera de ciertos círculos geek. En julio de 2023, ya cerrada la compra, la nueva dueña despidió a prácticamente toda la plantilla y trasladó la operación a Europa.
Para el observador externo, la lectura era obvia: compraron la marca para exprimir a los usuarios cautivos antes del apagón final.
Yo, que seguía usándola para todo, me preparé para lo peor.
El giro que casi nadie vio venir
Una forma distinta de comprar software
Lo que no entendíamos —yo incluido— era el modelo de Bending Spoons. No son una startup que busca crecer y vender; son un conglomerado que compra productos maduros, sanea sus finanzas y los opera a largo plazo. En su cartera conviven Evernote, WeTransfer, Vimeo, Meetup y otros nombres que muchos creíamos en decadencia.
El despido masivo, leído desde ahí, no era el preludio del apagón; era el reinicio de una operación que llevaba años a la deriva: doloroso, seguro; pero no terminal.
Del rescate al ritmo
Lo que vino después fue lo que nadie en los foros pronosticaba.
Bending Spoons reescribió el backend de la aplicación —el motor invisible donde, no por casualidad, vivía mi viejo enemigo: la sincronización—. Consolidó a todos los usuarios en una sola versión moderna, retiró el código heredado que arrastraba años de parches, y pasó de un ritmo de actualización de una cada varias semanas a un ciclo prácticamente semanal.
Según su propio recuento, solo en 2025 lanzaron más de 160 mejoras. Y mi enemigo de toda la vida, la sincronización, simplemente dejó de ser un problema. Sin anuncios grandilocuentes; un día noté que ya no pensaba en ella. Para quien convivió con ese defecto durante años, ese silencio fue la mejor noticia posible.
Enero de 2026: la prueba de que iban en serio
El 19 de enero de 2026, Evernote lanzó la versión 11, su primera gran actualización en cinco años. No era un retoque cosmético; traía tres funciones de inteligencia artificial integradas en el corazón de la app:
Un AI Assistant conversacional, desarrollado en colaboración con OpenAI, capaz de buscar y mover información dentro de tu propio archivo.
Semantic Search, una búsqueda por significado —no por coincidencia exacta de palabras— que la propia empresa describe como una de las peticiones más repetidas de sus usuarios durante la última década.
AI Meeting Notes, que graba, transcribe y resume reuniones.
Profundizaré en cada una de estas funciones —y en si realmente sirven para algo o son IA decorativa— en un próximo artículo de esta serie. Por ahora basta señalar lo simbólico del gesto: una empresa no invierte cinco años de espera y una reescritura completa en un producto que piensa apagar.
La señal más contundente, sin embargo, llegó desde el terreno financiero: en junio de 2026, Bending Spoons presentó los papeles para salir a bolsa en el Nasdaq, con cifras de crecimiento que poco tienen que ver con una empresa que ordeña cadáveres digitales. Evernote no era el final de un negocio; era una de sus piezas en recuperación.
Lo que esta historia nos enseña sobre elegir herramientas
El error de declarar la muerte demasiado pronto
Aquí está la lección que me interesa, y que va más allá de Evernote.
Cuando una herramienta parece estar a la deriva, la reacción instintiva de la comunidad de productividad es migrar y declararla muerta. A veces es la decisión correcta. Pero confundimos con frecuencia dos cosas distintas: un producto mal gestionado y un producto sin valor. Evernote nunca dejó de ser útil; lo que falló fue quién lo administraba. Y eso —a diferencia del valor intrínseco de una herramienta— se puede arreglar con un cambio de manos.
La confiabilidad no es una foto, es una película
Solemos elegir herramientas por una foto: las funciones que tienen hoy, el precio de hoy, la moda de hoy. Pero la confiabilidad de un software no se mide en un instante; se mide en su trayectoria, en cómo responde a sus crisis, en si la empresa detrás tiene un modelo que le permita sostenerlo.
No estoy diciendo que vuelvan a Evernote, a quienes la dejaron; estoy diciendo algo más incómodo: que la herramienta que dieron por muerta y la que adoptaron por moda merecen el mismo escrutinio, y que ese escrutinio debería ser profundo; comparar necesidades personales con capacidades del software.
Una historia que apenas empieza
No volví a Evernote porque resucitara; nunca llegué a irme del todo. Hoy mi empresa trabaja sobre Notion —por razones que merecen su propio artículo—, pero Evernote sigue siendo mi archivo personal y mi espacio de aprendizaje, organizado con el mismo método PARA que aplico en todo lo demás.
Esa convivencia no es una contradicción; es, quizás, la verdadera lección. Las herramientas no se eligen de una vez y para siempre; se reubican según lo que cada una hace mejor.
En los próximos episodios de esta serie sobre Evernote, que inicia hoy, desarmaré ese sistema pieza por pieza: el método PARA dentro de Evernote, la inteligencia artificial que llegó con la versión 11, y el caso —poco explorado en español— de Evernote como centro de operaciones para freelancers. Pero quería empezar por aquí, por la historia, porque ninguna herramienta se entiende sin ella.
A Evernote lo dieron por muerto. Catorce años después, sigue tomando notas.
🧭 ¿Te gustaría llevar estas ideas a tu equipo o aplicarlas en tu propio sistema? Acompaño a personas y organizaciones que quieren trabajar con foco, organizarse mejor y elegir sus herramientas con criterio.
📬 Puedes escribirme directamente a: alberto@edtechlatam.org — estaré encantado de conversar contigo.
💬 Y si te gustó este artículo, puedes dejar un comentario o compartirlo con alguien a quien le pueda servir.
Un reconocimiento aparte a Bending Spoons por una decisión que va a contracorriente de la industria: tomar un producto que casi todos habían dado por perdido y devolverle el rendimiento, la velocidad y la ambición. No es lo habitual; vale la pena nombrarlo.





